Fráncfort, 29 de octubre de 2025. – Nuevos datos sísmicos y geológicos registrados en la región del Eifel, al oeste de Alemania, han encendido las alarmas entre geólogos y autoridades medioambientales. Los instrumentos del Centro Helmholtz de Geociencias (GFZ) y de la Universidad de Maguncia detectaron en los últimos días aumentos de actividad sísmica, emisiones elevadas de dióxido de carbono (CO₂) y un levantamiento progresivo del terreno.
Estas señales indican movimientos ascendentes de magma a profundidades de entre 40 y 60 kilómetros, algo que no se observaba con tal intensidad desde hace más de dos décadas.
Así lo informa el medio alemán infromoz.com, citando a The Times y al portal local SoFrankfurt.
El volcán Eifel, ubicado entre Coblenza, Tréveris y Bonn, es uno de los sistemas volcánicos más vigilados de Europa. Los científicos advierten que el sistema no está extinguido, sino “dormido pero activo”. La última gran erupción, ocurrida hace unos 12.900 años, creó el lago Laacher See y lanzó millones de toneladas de ceniza y piedra pómez que cubrieron gran parte de Europa Central.
Según el geólogo Ulrich C. Schreiber, de la Universidad de Duisburgo-Essen, un evento similar en el presente tendría efectos devastadores: “Si el Eifel entrara en erupción como hace 80.000 o 100.000 años, el valle del Rin podría colapsar. El río quedaría bloqueado, y las aguas retrocederían hasta Fráncfort, inundando zonas bajas, incluido el aeropuerto internacional, uno de los más transitados del continente”.
El sistema del Eifel sigue activo
Los estudios más recientes confirman la existencia de una pluma magmática o “Eifelplume”, una corriente ascendente de roca fundida de más de 100 kilómetros de diámetro, que se eleva desde unos 400 kilómetros de profundidad.
Durante octubre de 2025, las estaciones sísmicas registraron docenas de microterremotos, aumentos de temperatura subterránea y emisiones de gas en la cuenca de Neuwied, al norte de Coblenza. Los expertos consideran estos fenómenos como signos de respiración geológica, un proceso natural que demuestra que el sistema aún conserva energía interna.
Aunque la probabilidad de una erupción a corto plazo se considera muy baja, las consecuencias potenciales serían graves. Un bloqueo del río Rin podría afectar el transporte fluvial, la industria química y las redes energéticas de Alemania occidental.
El aeropuerto de Fráncfort, situado en una zona baja y próxima al río Meno, sería especialmente vulnerable a posibles inundaciones si el nivel del agua aumentara de forma repentina.
Monitoreo constante y advertencia científica
Alemania dispone de una de las redes de monitoreo volcánico y geodinámico más avanzadas de Europa, con sensores sísmicos, estaciones GPS y observaciones satelitales. Aun así, los investigadores reclaman mayor integración entre las políticas de prevención de riesgos geológicos y climáticos, ya que fenómenos como las lluvias extremas o el deshielo podrían amplificar los impactos de un posible evento volcánico.
“El volcán Eifel no está muerto; simplemente duerme”, concluye Schreiber. “Los movimientos que detectamos son su respiración lenta bajo Alemania. Es una advertencia silenciosa de la fuerza que sigue presente bajo nuestros pies.”
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